viernes, 10 de junio de 2016

La flecha y la cruz

Épica es la victoria,
su gloria es ajena. 
La flecha y su cruz se abrazan
se forja la esperanza.

Dos ejércitos se besan 
el hombre y la mujer resisten, 
Olas lunáticas embisten
genuflexos no se ahogan.

El ojo se hace bueno, 
las sábanas se ensanchan
Viento en popa sopla pleno
Leviatán se aleja.

La vida es compleja.
La flecha se hizo lanza
la muerte se hizo cruz
y tu sueño dio a la luz".

martes, 10 de noviembre de 2015

Ary Quepay

Era mi segunda visita a Arequipa y además del mal de altura, que en mi país llamamos 'soroche' me atacó una bronquitis por andar en sandalias. El médico había acudido al hotel a verme y consiguió bajarme algo la fiebre. Me entró, entonces, hambre y le pedí a Tom que me trajera algo de comer, pero era tarde y el restaurante del hotel se encontraba cerrado, así que salió a ver qué encontraba abierto cerca de allí. 
La comida que me trajo me encantó, y como no íbamos a poder ir al Colca, debido a mi estado, decidimos entrevistar a los dueños del restaurante con el objeto de documentar algo sobre la comida peruana. En otras palabras, los entrevistamos -al día siguiente- a cambio de nada, y, aunque tenia casi 39 grados de temperatura, nos la pasamos bien. 
También debo aclarar que el matrimonio Vera Pinto nos invitó esa noche a cenar, pero no pude disfrutar realmente de lo que me metí al estómago como la noche anterior debido al malestar que tenía de tanto antibiótico y jarabe que llevaba tomando. Tom, un enamorado de nuestra cultura y cocina, anduvo muy ajetreado grabando en no muy buenas condiciones, ya que la iluminación era muy pobre. 
Como le dije a la señora Gloria: "cuando uno tiene un don y lo libera y lo desarrolla con amor y honestidad e integridad, pues las cosas van bien". Dios es ciertamente bueno con todos, pero lo es en especial con aquellos lo aman.

lunes, 22 de junio de 2015

Noemí

Esta mini entrevista no fue preparada. Un día o dos antes de dar una de mis charlas a las chicas de secundaria de La Repa le dije a Noemí: "Me gustaría hacerte una pequeña entrevista delante de mi cámara".  Ella me preguntó sobre qué tema íbamos a abordar, le dije que no se preocupara, mientras me alejaba me giré y le dije: "a lo mejor te pregunto algo sobre la escritura bíblica que dice que ésta es como un espejo para el hombre". Noemí accedió, porque éramos amigas, porque confiaba en mí tanto como yo en ella. Nuestra amistad estaba basada en la certeza de que la otra estaba perdidamente enamorada del Señor, que amaba a Dios con todo, por encima de todo y contra todo.

No le adelanté lo que le iba a preguntar porque tampoco lo sabía yo, esta entrevista, como todas mis charlas, fue algo espontáneo, y he ahí lo hermoso, escuchar a esta todavía joven mujer dar respuestas llenas de verdades tan sólidas como un templo. Sin la Verdad Absoluta el ser humano irremediablemente naufraga.

jueves, 26 de marzo de 2015

Érase una vez una montaña


Vivimos hasta hace poco en una casita que daba en su parte posterior a un arroyo, el cual se encontraba frente a una montaña, y donde habitaban animales salvajes. Esta casita, se encontraba, además, debajo de unos cielos psicodélicos. Aquí está este videito con algunas fotos de aquella casita, de esos cielos, ese 'back yard' tan particular y de aquella grandiosa montaña. 
 belleza

viernes, 13 de febrero de 2015

No hay edad para cambiar


Los mediocres piden cambio

Quieren 'el cambio' sin estar dispuestos a cambiar, sin estar dispuestos a pagar el precio del bien que desean, sin realizar el sacrificio, las renuncias, las incomodidades, el sufrimiento, los desapegos, las separaciones… que sean necesarios. No quieren cambiar, porque no quieren aprender nada nuevo, están encadenados a la molicie de lo habitual, de lo cotidiano, de las costumbres, de los gustos y preferencias acumulados a lo largo de sus vidas, a lo largo de los ¡siglos!. Prisioneros del sedentarismo intelectual, la pereza del alma, la apatía del ingenio, la gula de los sentidos, el vaivén de las emociones, las mareas de los sentimientos y, por encima de todo, la ferocidad de los miedos.

Nadie quiere abandonar su modus operandi, su comodidad, su masivo punto de vista, su terreno, su entorno, aunque éste sea mediocre y paupérrimo. Prefieren, se contentan, y hasta encuentran acogedor lo sucio, lo oscuro, lo infectado, las medias tintas, el mal gusto, la ordinariez, lo espurio… porque les es familiar hasta el grado de conocer de memoria cada rincón de esa pocilga, donde cada rata tiene su nombre y cada cucaracha su código de identificación.

Nacieron con alas, pero prefieren reptar. No, no están dispuestos a dejar nada por algo mejor. Exigen, piden, demandan, culpan, niegan, acusan, proyectan sus sombras sobre los demás mientras se ilusionan bobalicona y supersticiosamente en que algo bueno les ocurrirá sin que hayan hecho la más mínima variación en su forma de pensar, y luego reniegan porque nunca llega. Ah, pero les va la vida en no soltar la semilla tóxica, en no remplazar las ideas, los clichés, los tópicos, los hábitos, las creencias, las medias verdades, las costumbres, las tradiciones… que dieron origen a sus circunstancias, aquellos cartones hediondos y latas oxidadas con que levantaron la chabola en donde malviven sus almas.



No hay edad para cambiar

La ley kármica (la ley de la siembra y la cosecha bíblica) es una realidad cósmica. Lo bueno es que mientras respiremos todos podemos cambiar, empezando con una decisión primero, a la que le seguirá una sucesión de otras muchas. En mi caso todo empezó cuando dije: "Dios mío, lo he intentado todo por mí misma y no consigo la paz y el equilibrio que quiero, ayúdame tú, esta vez quiero hacerlo a Tu Manera". Y es que el Señor tiene una manera para cada quien, con lo cual su manera se convierte luego en 'mi manera', una manera que él preparó de antemano exclusivamente para mí, y tiene otra manera (tu manera) para ti, y otra para Perico de los Palotes…

Ciertamente "no hay edad para cambiar", no hay edad para empezar de nuevo, no hay edad para rectificar, para variar el rumbo, para arrepentirnos, para admitir nuestras faltas, pedir perdón y gritar "¡ayúdame, Papá!"; porque con el Señor todo lo malvivido se puede convertir en agua pasada. Dios hace "borrón y cuenta nueva" en la vida de todo aquel que viene a sus pies de modo que pueda, como dice la canción, volver a empezar. 


Denise Ingrid Aliaga Monge / Denise Ingrid Brickel. Febrero 2015

viernes, 1 de agosto de 2014

Decisiones



La vida es básicamente una larga cadena de dos tipos de eslabones: Las decisiones que uno toma y las consecuencias que éstas nos acarrean. O sea: decisión ➝ consecuencia ➝ decisión ➝ consecuencia...

Una mala decisión puede ocasionar sufrimiento, estancamiento, retroceso, vergüenza, remordimiento, pobreza, enfermedad y hasta la muerte temprana.  Una buena decisión, por el contrario, nos ayudará a crecer, a brillar, a sentirnos contentos con nosotros mismos; a estar más esperanzados y animados, más confiados, provocando que disfrutemos más de la vida.

Mientras estemos vivos y conscientes podremos tomar siempre una decisión acertada, y con ello cambiar lo que nos quede de existencia, si no nuestras circunstancias externas como mínimo nuestro modo de afrontar los problemas, nuestra actitud, nuestra forma de ver la vida y a nosotros mismos.

Entonces, una sola decisión acertada puede causar un nuevo comienzo… sí, siempre que a ésta le sigan otras y otras y otras decisiones buenas. Porque cuánta gente empieza bien para luego terminar en la cuneta. 
Así, pues, consciente o inconscientemente cada día, cada hora, cada minuto estamos tomando decisiones sobre qué pensamientos, qué sentimientos y qué actitudes albergar, así como qué actos llevar a cabo. Siempre elegimos, a veces tan veloz y subterráneamente que no nos damos cuenta.

Ya lo dicen muchos por ahí: el cementerio es un banco de sueños que nunca se cumplieron. ¿Por qué? porque mucha gente esclavizada por sus apegos, sus emociones, sus temores, sus creencias erróneas, sus prejuicios, sus querencias, sus posesiones materiales, sus inclinaciones o sus vicios fueron incapaces de tomar una decisión sabia. 

Para que una decisión sea sabia hay que cocinarla bien en el alma, reflexionarla, meditarla, considerarla, sopesar las consecuencias que acarreará tanto a nosotros como a otras personas. Y debe tomarse, además, en el momento preciso, porque toda decisión tomada fuera de su momento es una mala decisión, por muy pensada, creativa, ingeniosa, innovadora, calculada, prometedora y bien intencionada que ésta sea, si se toma a destiempo nos conducirá al error.


Cuántos hemos dejado pasar oportunidades únicas que se nos presentaron en la vida. Cuántos nos hemos decidido a actuar tarde o demasiado pronto… y por no saber esperar hemos terminado corriendo al castillo del príncipe vestidas con harapos, y así fue que cuando llegó el momento del baile él ni nos miró, y tuvimos después que volver a la casona de donde quisimos huir para enfrentar las burlas de las feísimas y envidiosas hermanastras y los insultos y golpes de la madrastra. 


Necesitamos sabiduría, nos urge discernimiento para intuir y tomar no sólo las decisiones que nos convienen sino conocer la oportunidad de los tiempos. ¡Ah, Señor, si tú me bendijeras dándome el discernimiento de los tiempos y tu mano me guardare de todo mal!!

Todos estos tesoros de sabiduría los encontraremos en nuestra relación con Dios. No hay más tiempo que perder, no hay más salud que derrochar. No hay más vida que malgastar. Saquemos revancha por todo lo que la oscuridad nos arrebató con espejismos, embustes y emboscadas. 

Procuremos hablar y escuchar vida, que el don de la palabra lo tenemos porque hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios, el cual habló y todo fue hecho.
Sepamos, pues, hablar lo recto, reprender lo inmundo con valor. Ninguna otra criatura tiene el don de la palabra; poseen todas lenguaje, qué duda cabe, pero no la palabra articulada y mucho menos la escrita. 
No tomemos tantos tesoros por descontado, no despreciemos lo que la divinidad nos ofrece a cada instante: la capacidad de decidir cómo será el resto de nuestras vidas.

Denise Ingrid Aliaga Monge/Denise Ingrid Brickel
Julio-2014

jueves, 5 de junio de 2014

La Camioneta Amarilla

Danny con su camioneta amarilla — 2011

Por razones tan aplastantemente obvias que no voy a explicar aquí, porque sería una perogrullada, cuanto más cerca está una persona de la niñez más características muestra de ésta, ¿cuáles son esas características? ego-centrismo, terquedad, egoísmo, exigencia, impaciencia, capricho, rabietas, hedonismo, falta de respeto a la autoridad, impulsividad, volubilidad, desagradecimiento… y cuanto más alejada esté de la niñez la persona que muestre estos trazos más neurótica, más desquiciada y más patológica es su condición. Entonces, en la adolescencia es normal que haya residuos de la niñez, algo que se combinará con un rasgo típico de esta franja del desarrollo: La adolescencia y la juventud temprana son etapas gregarias por excelencia, lo cual está bien porque "todo tiene su tiempo debajo del sol", el problema es cuando esta dependencia de los pares se extiende hasta edades más avanzadas.


 Tengo dos sobrinos, hijos de una de mis hermanas, que son huérfanos de padre desde que tenían 5 y 3 años, y que vinieron a California para vivir con nosotros durante 9 meses —¡un embarazo!—, cuando contaban 14 y 12, respectivamente.

Pasaron los años y Danny, el menor, había terminado el colegio en Nueva Jersey con tan buenas calificaciones que merecieron dos becas, una para el college y otra para la universidad, pero que no las usó porque ambas eran insuficientes para cubrir si quiera la mitad de lo costaba estudiar. Por causa de esto Danny estaba profundamente desilusionado y desanimado, quería estudiar en USA pero los costes eran demasiado onerosos para sus posibilidades, por lo que estaba pensando seriamente en volver a Lima. Al enterarnos por mi hermano de todo esto lo invitamos a venir a casa y probar en la ciudad de Colorado donde residimos. Vivió con nosotros 9 meses —sí, otro embarazo— durante los cuales lo ayudamos a entrar en contacto nuevamente con el Señor. Además Tom le enseñó a conducir y yo le enseñé un poco más de cocina para completar lo que le había enseñado años atrás. Otra cosa que hicimos fue empujarlo —sí, lo tuvimos que forzar— a ir al gimnasio donde quedó enganchado con la natación. Unos pocos meses después Tom empezó a echarle una mano en su búsqueda de trabajo, algo nada nuevo para Danny ya que éste venía trabajando desde que tenía 16 años.


Mi sobrino había llegado muy deprimido, muy desmoralizado y amargado de Nueva Jersey. Encima se había hecho de una enamorada en Lima durante su último viaje, la cual tanto ella como su familia lo estaban inquietando para que se fuera para allá, habiendo esa gente llegado al colmo de haberle hecho firmar un poder para que el abuelo de la muchacha lo matriculara en una universidad de Lima. En otras palabras, mi sobrino sólo tenía 18 años y ya le estaban haciendo 'el corralito'.


Danny se quejaba de cuán injusta era la vida, de cómo era posible que sus compañeros, casi todos estudiantes mediocres, algunos no sólo perezosos sino 'juergueros', borrachines y hasta consumidores de drogas, tuvieran padres que no sólo los mantuvieran sino que les pagaran los estudios universitarios. Le respondimos que él no debía compararse con nadie, que no se desanimara,  que él estudiaría también, pero que todavía no había llegado el momento, ya que había otros asuntos que resolver.


Tuvimos que trabajar muy duro con mi sobrino con el fin de cambiar su corazón, algo que, por cierto, nadie puede hacer excepto Dios. Le aplicamos mucha disciplina, jamás le permitimos que sintiera pena de sí mismo, lo reprendíamos duramente cuando caía en eso. Disciplina, aunque él era y es disciplinado, pero le dimos una estructura nueva, en la que debía aprender a controlar no sólo sus palabras sino sus pensamientos, sus emociones y sus creencias. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para que se abriera a nosotros,  cada vez que tenía día libre lo llevábamos a nuestros paseos para que entrara en contacto con la naturaleza y disfrutara de los bosques y lagos. Procurábamos, además, que conversara con nosotros sobre todo tipo de temas mientras pasábamos horas jugando algún juego de mesa. Y no sólo él nos contaba sus anécdotas del colegio y de la niñez, nosotros también le contábamos las nuestras. En fin, poco a poco el chico fue aprendiendo a ver la vida de otra manera, todo esto mientras iba a nadar 2 o 3 horas diarias y a trabajar, y, ojo, que se iba y volvía a pie, cuarenta minutos de ida y otros cuarenta de vuelta, porque Tom se llevaba el único auto de la casa.


Con mi sobrino Danny en el tiempo en que nadaba — 2010


Transcurridos los nueve meses le comuniqué que ya estaba listo para vivir por su cuenta, por lo que Tom le ayudó a encontrar un departamento que estaba muy cerca de su trabajo, gracias a lo cual no tuvo ya que caminar durante esos infinitos 40 minutos durante los crudos inviernos de esta ciudad.  


Danny empezó a vivir y a mantenerse solo, pero no estaba del todo contento, él soñaba con ir a la universidad, pero nosotros le recordábamos una y otra vez que tuviera paciencia, que siguiera ahorrando y que el momento llegaría antes de lo que él se imaginaba. Pocos meses después mi sobrino se consiguió un segundo trabajo que estaba en la misma plaza donde se encontraba trabajando, sería el nuevo hornero de un conocido restaurante de bagles —los principios básicos de cocina que recibió no fueron en balde—, al que tenía que acudir a las 4 de la madrugada, y cuando terminaba en el Einstein's cruzaba la plaza para ir a su otro trabajo en Marshalls. Daniel trabajaba 4 o 5 veces a la semana ¡desde las 4 am hasta las 9 pm!! 


En ese tiempo no tenía amigos, porque no había hecho el colegio aquí, tan sólo tenía conocidos de su edad, aquellos que trabajaban con él, y con los que se llevaba bien pero sin llegara a congeniar. 

La debilidad de Daniel no era el alcohol, ni los amigos, ni las drogas, ni los video-juegos, ni la pereza, ni la comida… su debilidad eran las chicas. ¡Ay, qué enamoradizo que resultó! cuántos dolores de cabeza nos ha dado con eso, porque no siempre nos obedeció, en cuanto menos lo esperábamos ya estaba con alguna muchacha, y cada vez que eso ocurría su rendimiento y sus notas bajaban. 


Una tarde sentí una necesidad urgente de ver a mi sobrino, que entonces vivía a 5 minutos en coche. Tom me preguntó para qué quería que fuéramos y le dije que no sabía, pero que una vez allí a lo mejor sabría para qué. Al poco de llegar ya sabía lo que le tenía que decir al muchacho: que el momento para que empezara a estudiar se acercaba, y que dentro de 5 meses debía dejar uno de sus trabajos, comprarse un auto, comprarse una computadora nueva y matricularse en la universidad. Por supuesto, Danny me sacó mil peros y objeciones, hasta me dijo que si seguía las instrucciones que le había dado terminaría durmiendo en su automóvil, porque no le iba a alcanzar el dinero para pagar el alquiler. Le recordamos que el pesimismo y la negatividad era algo que nosotros no le íbamos a tolerar. Le dijimos por enésima vez que la causa de su negatividad residía en el temor a que lo bueno no se cumpliera, y que él tenía que aprender a no usar su pasado como referencia de su futuro. La decisión era en todo caso suya, ya que eligiera lo que eligiera él y sólo él correría con las consecuencias.

 Pasó el tiempo, yo me había olvidado por completo del asunto, hasta que una noche recibí una llamada de mi sobrino: "Tía, ya no aguanto más, si sigo así me voy a volver loco", el muchacho estaba agotado, a punto de un surmenage. Mientras hablaba con él recordé de repente las instrucciones que el Señor había dado para él. Daniel se estaba pasando de la fecha que le había dado para que dejara uno de sus trabajos. Le traje entonces todo a la memoria, él renunció de inmediato, pero no sin soltarme un rosario de objeciones. 


Su Primer Auto

Tanto él como nosotros habíamos estado viendo coches de segunda mano y teníamos dos lugares para ir a ver. Danny no quería gastar más de tres mil dólares porque luego tendría que pagar el seguro, la placa, etc. El viernes por la noche lo llamé y le dije "Danny, ya sabes qué requisitos estamos buscando." —Sí, tía. "Hijo, no descartes una camioneta" —¿camioneta? pero si ustedes me han dicho que las camionetas son mucho más caras y gastan más gasolina. "Sí, es cierto, pero no descartes una camioneta". 
Al día siguiente fuimos a un negocio de autos usados, cuando llegábamos un pensamiento, un susurro, no sé cómo explicarlo, me invadió: "aquí no comprarán sino en el siguiente negocio que visiten". No dije nada. Bajamos, echamos un vistazo, lo que había por tres mil dólares era chatarra, de hecho nos advirtieron que por esa cantidad no íbamos a encontrar nada bueno. Nos dirigimos entonces al segundo 'car dealer'. Nos mostraron dos autos pequeños, bonitos, de buena pinta, sobre todo uno, el plateado, con unos aros muy llamativos, por dentro estaba todo equipado, radio, altavoces, botones, luces… el sueño de cualquier joven. El motor era ronco, demasiado para mi gusto. A Danny le gustaba el otro, el rojo, sobre todo por el precio, Tom se inclinaba por el plateado, y a mí no me convencía ninguno. Estábamos hablando con el vendedor sobre cuál de los dos era el mejor cuando en eso me giro y veo a lo lejos una camioneta Dodge Caravan amarilla que llevaba todavía las marcas de las pegatinas del número 777 que le habían quitado. Pregunté entonces por ella.  De las tres filas de asientos que tiene este modelo le faltaba uno, el de atrás, porque como había sido taxi se lo habían quitado para tener más espacio para las maletas. Pedí probarla, Danny puso cara de no gustarle la idea, pero yo insistí. Nos subimos, la condujimos los tres, una maravilla, suavecita, frenos precisos, sonido del motor casi imperceptible, vamos, saludable; excelentes amortiguadores, aire acondicionado funcionando… ¿cuánto costaba?,  con los impuestos y todo sobrepasaba lejos los cuatro mil. Negociamos, dijimos que el chico pagaría cash. Después de hacernos la guerra y presionarnos durante casi una hora, en la que Tom quería ceder en subir la cantidad mientras Daniel 'sudaba balas', no cedimos ni un centavo para arriba y terminaron por cansancio aceptando nuestra contra-oferta. El trato se cerró en tres mil quinientos dólares con placa y gastos de trámites incluídos. Danny seguía con la cara larga. Le dije: "Hijo, confía en quien vive en tus tíos y en ti". Tom no estaba muy convencido con el taxi, no sólo por el millaje que tenía sino por los sabe Dios cuántos problemas que irían apareciendo con el tiempo, sin embargo me apoyó. Mientras nos íbamos mi marido nos contó que no había insistido con el coche plateado porque notó que perdía muchísimo aceite, algo que el vendedor nos había ocultado. 

Nada más llegar a su casa Daniel cerró su camioneta con las llaves adentro, recordé entonces cómo mi amiga Meche Gallardo abría el Toyota azul de su padre cada vez que se dejaba las llaves dentro. Le dije a Danny que pidiera un percha de ropa de alambre a uno de sus vecinos. Lo doblé, lo metí por la rendija de la ventana que estaba totalmente cerrada, pero siempre queda un pelín de espacio entre el borde de la luna y la goma, y después de dos minutos... voilá!


Danny cierra su camioneta con las llaves dentro — 2011

The Happy Hour!!

Como era un día muy caluroso una vez que solucionamos el problema le dije a Danny para que nos fuéramos a tomar unas cervecitas para celebrar la adquisición de su primer auto, y una vez que aceptó, le aclaré que esa vez invitaría él. La mirada de repente se le puso perdida, el pobre había entrado en algún tipo de trance, casi podía adivinar cómo hacía su cerebro las cuentas: gasolina + seguro + compra de una compu + compra de un escritorio + alquiler + comida + college + agua + electricidad… Elegimos el Applebee's, Tom y yo nos pedimos una jarra de cerveza, Danny se pidió un jugo. Luego ordenamos dos piqueos de tortillas con salsa de queso y alcachofa. Cuando trajeron la cuenta nos llamó la atención lo poco que estaban cobrando, debía tratarse de un error así que hicimos señas al camarero, pero éste nos aclaró que nos encontrábamos consumiendo en el tiempo que ellos llamaban The Happy Hour (la hora feliz), por lo que teníamos derecho a que se nos descontara el 50% de cualquier cosa que hubiéramos consumido. Salimos más contentos de lo que ya estábamos, sobre todo Daniel.


Pasaron dos o tres días y recibí una tarde una llamada, era Danny, quien con una voz de ultratumba me dijo: 
—Tía, estoy en el taller como me dijo el tío, he traído mi camioneta para que la revise el pariente de mi amiga y me ha dicho: "¡Por qué has comprado un taxi, es lo peor que has podido hacer, muchacho!! Nunca se debe comprar un auto que haya sido taxi, porque vienen muy bien por fuera pero por dentro están destrozados. Generalmente traen dos o tres piezas que están hechas polvo, y cada una de ellas vale alrededor de mil dólares. Voy a echarle un vistazo, pero te aviso que te vas a llevar una desagradable sorpresa." 

Sentí que me dolía el pecho, respiré hondo y le respondí a mi sobrino: "Danny ¡qué bobadas me estás diciendo!! ¿Qué haces creyéndole a ese hombre, sabe él más que Dios?!!" 

—Pero tía, él sabe, es mecánico. 
"No me importa, así sea el mejor mecánico del mundo, ¿quién te ha traído y guiado hasta tu sueño?  ¿No ha sido el Señor? Y si el Señor ha dicho que tu camioneta está bien es porque lo está. Y no quiero volver a oírte hablar con falta de fe. Llámame cuando el pata termine de examinarla. Y te aviso que te arrepentirás de haberle creído." Clic. Nada más cortar me tiré al suelo: "¡Señoooooor, qué hiceeee!! creí que eras tú quien me había hablado, ¡ayuda al muchacho, Señoooor!!" Cuarenta minutos después me llamó Danny: 
—Tía, el mecánico me ha dicho que está alucinado, que la camioneta tiene las piezas más importantes nuevas. Que no entiende por qué después de cambiarlas la han vendido. Me felicitó por tan buena compra". Después que colgué nuevamente me fui al suelo: "Señoooooor, perdóname por dudar de ti!!"


Los 'car-dealers' tampoco sabían que las tripas de la camioneta eran nuevas, ellos dieron por sentado, al igual que el mecánico, que se trataba de un limón, de un auto destrozado antes de tiempo. De hecho estábamos a mediados del 2011 y la camioneta era del 2008, sólo tenía 3 años pero el cuenta millas mostraba una cantidad astronómica. Por eso la malvendieron. Han transcurrido tres años, y esa camioneta no le ha dado ningún problema a mi muchacho.

Cuando llegó el siguiente sábado Tom y yo volvimos al Applebee's a la misma hora que la semana anterior y nos pedimos lo mismo, pero cuando fuimos a pagar… ¡sorpresa, sorpresa! no nos habían descontado nada. Llamamos entonces al camarero, el cual nos aseguró que se trataba de un error, que en ese restaurante no había ninguna promoción llamada 'Happy Hour' los sábados por la tarde. Tom y yo nos miramos pasmados —"Pero cómo que no la tienen si el sábado pasado estuvimos aquí con mi sobrino…" Pero el camarero insistía en que no. Le pedimos entonces que llamara al manager, mientras lo fue a buscar nos dijimos que a lo mejor el camarero era nuevo, pero al rato nos asaltó la idea de que el camarero pudiera tener razón..."Entonces —pensábamos mientras reíamos perplejos— ¿lo vivimos o lo soñamos?". Cuando se presentó el manager nos confirmó lo dicho por el camarero, que ellos no tenían esa promoción ni ese día, ni hace una semana, ni hace un mes, ni hace un año, ni… Pagamos contentos y sonrientes, estaba claro que se trataba de otra de las 'travesuras' del Señor. Él había querido venir a celebrar con nosotros el triunfo de Danny.



"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor". —Isaías 55:8


Criar, educar a los hijos (o sobrinos) es algo muy difícil. No tenemos que hacerlo con nuestras propias fuerzas, ni con nuestro propio criterio y entendimiento, el Señor nos ofrece sabiduría, rutas, caminos y a veces hasta atajos. En el caso de mi sobrino, y recalco esto: en el caso particular de Daniel, el Señor había dejado bien claro lo siguiente:
1.- Nada de préstamos universitarios.
2.- Acceder a los estudios superiores era 'para Danny' más que un derecho un privilegio, y como tal debía ganarlo. 
3.- El corazón de Daniel necesitaba ser corregido y sanado, esa era 'la asignatura más importante' que debía aprender y aprobar, porque si no se liberaba de todos esos sentimientos y actitudes negativos y aniñados estaba destinado al fracaso, estudiara lo que estudiara, se casara con quien se casara, ganara lo que ganara y viviera donde viviera. 

Lo que para Daniel fue imposible en unos momentos de su vida se ha hecho realidad, no a su manera, no a la mía, sino a la que Dios tenía reservada para él. Con esto quiero decir que no todos los muchachos deben pasar por lo mismo que Danny, porque cada persona es un caso único, por ello el Señor personaliza, él trata a cada hijo de forma personal y única, así lo que funciona para unos no lo hará necesariamente para el resto.


"Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, YHVH me recogerá".
Salmo 27:10


Entonces, todos estos sufrimientos, todos estos sacrificios, su re-acercamiento y obediencia a Dios  y nuestra presencia y consejos hicieron posible que el muchacho se liberara. ¿Liberara de qué? del miedo, la ira, el dolor y los sentimientos abrumadores de desprotección y orfandad que tenía incrustados en algún lugar profundo de su ser. Había que erradicar el resentimiento, el desaliento, la inseguridad, la amargura, la frustración, el descontento, el desagradecimiento, la falta de confianza en sí mismo, la falta de fe y esperanza, la auto-victimización, el egocentrismo… incluso el dolor de espalda que padecía. 
Al ser Daniel huérfano de padre Dios lo había adoptado, por lo que preparó para él una ceremonia de iniciación por la que debía dejar atrás la etapa de la adolescencia, con todos los remanentes de la niñez que ésta contiene, para entrar pisando fuerte a la de la juventud. Padeció mucho, pero lo consiguió.


La vida de Danny ha dado muchos giros desde que vino a vivir por segunda vez con nosotros. De hecho ha cambiado la natación por la escalada de roca (bouldering). Ahora tiene muchos amigos de su edad, deportistas y escaladores como él, todos miembros del club de escaladores al que mi sobrino pertenece. 
En cuanto a sus estudios, en estos momentos está  finalizando el college, con notas excelentes, para empezar su segunda carrera, nutrición, el siguiente semestre mientras continúa especializándose en la primera 'business', aunque ya no académicamente sino en la práctica. Y todo sin que su madre, mi hermana, se haya endeudado ni con un centavo, y eso que ella trabaja en un banco ofreciendo préstamos, bonos, y otro tipo de inversiones. Mi madre, su abuela, tampoco se ha endeudado. Nosotros no nos hemos endeudado, y Daniel está, asimismo, libre de toda deuda tanto de su camioneta como de su computadora como del college. 
Un año después de estar manteniéndose sólo y pagando sus estudios, mi madre empezó a ayudarlo con una modesta asignación mensual, luego él dejó de vivir solo para irse a compartir, todo lo cual le trajo más holgura. Nosotros cada año le pagamos una asignatura, con la condición de que jamás trajera no malas notas sino calificaciones mediocres, algo que ha venido cumpliendo. Danny boy trabaja, estudia y se divierte sanamente con jóvenes como él, por fin parece haber entendido que el romance llegará a su debido tiempo, porque todo tiene su tiempo debajo del sol.

Daniel Griffiths Aliaga — Mayo, 2014



Denise Ingrid Aliaga Monge / Denise Ingrid Brickel. Junio-2014.

domingo, 26 de enero de 2014

Reversible


Este post es un compendio de mi punto de vista expresado en varios de mis artículos.


Reversible, casi todo en la vida lo es. ¿Qué impide a los hombres y a los pueblos admitir los propios errores?, ¿el orgullo?, ¿la vergüenza de afrontar el error?, ¿la ceguera intelectual? ¿la dureza de corazón? ¿el egocentrismo? o sea ¿la incapacidad de ver las cosas desde el punto de vista de otros?, ¿el apego enfermizo a sus creencias y costumbres culturales ?. 
Está claro que hay mucha resistencia en los individuos para abandonar una idea, costumbre o tradición, porque al estar definidos por el rol social que desempeñan, el sujeto siente que si cambia su forma de pensar y su conducta quedará en el vacío, sin protección, habrá perdido su identidad. Disuadidos, además, por ‘el castigo’ que los congéneres imponen a todo aquel que se atreva a alzarse por encima de las coordenadas fijadas por las costumbres y tradiciones del colectivo. 



Todos queremos y necesitamos sentirnos únicos, vamos, distintos del resto, sentimiento, además, genuino que parte de un hecho innegable: todos y cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles, el problema está en que algunos no se lo terminan de creer, y por ello procuran o mostrarse como superiores o meter a todos a la fuerza en el mismo molde, un molde, a la sazón, hecho del vaciado de su propia identidad. A algunos nos va la vida en nuestro esfuerzo por distinguirnos del resto, para terminar al final uniformándonos con modas, trapos, señales, marcas, tatuajes, colores, banderas, denominaciones… Como colofón las siluetas personales acaban por desdibujarse para entrar en un proceso de pérdida de objetividad e identidad individual que les impide valorar y juzgar la realidad de forma cabal, algo que, como todos sabemos no sólo ocurre en la política sino que se reproduce en los solares religiosos, científicos, artísticos, académicos, deportivos... pudiendo llegar a fabricarse, como de hecho ha sucedido en Euskadi y otras regiones del planeta, verdaderas aberraciones criminales. 



Aferrarnos a lo que aprendimos ayer, sin revisiones asiduas que nos posibiliten la verificación y la realización de ajustes, es martillarnos con el mismo mazo que ha incrustado a otros pueblos en la zafiedad y el atraso. Hace falta entonces incorporar el hábito de la auto-crítica, por muy desgarrador que esto pueda resultar, de modo que se tiren abajo los totems, estatuas, efigies, ídolos, creencias, mitos y fetiches que se han ido acumulando en los nichos, altares y retablos ideológico-sectarios, y cuyo rigor mortis ha entumecido las conciencias dúctiles de muchas bienintencionadas y antiguas mocedades idealistas, solidarias y generosas. La única forma de erradicar este ‘cáncer’ es eliminando el paradigma mental y cultural-religioso que lo causa.
Está claro, por otro lado, que cada vez nos acercamos más a la disyuntiva apremiante de cambiar o morir.

Las costumbres, las tradiciones, las ideas, los valores y los códigos individuales y colectivos cuando no se renuevan, sirven más de ancla que de vela, y que no se me malentienda, porque claro está que existen dimensiones, grandezas, tesoros y noblezas personales y colectivas tan sagradas como la integridad e inocencia de nuestros niños, los sueños y las frescas potencias de nuestras juventudes, el añejo sentido común de nuestros ancianos... Hay propiedades, hay pertenencias, hay posesiones tangibles e intangibles que no tienen precio y que jamás deben sacarse al mercado ni canjearse por ningún tipo de rubro en aras de satisfacer urgencias, fruiciones, exigencias y antojos momentáneos de comodidad, de entretenimiento, de lujos o de codicias y ambiciones de cualquier tipo. 

El progreso no consiste, para mí, en la búsqueda incesante de bienes materiales y estados de felicidad transitorios. El verdadero progreso debe poner, según lo veo, el énfasis más en el ser que en el tener, sin que esto signifique la eliminación de la posesión de bienes materiales, ¡faltaría más!

Hay líderes religiosos y políticos, y prosélitos que se han tropezado ya con estas verdades, sin embargo no han rectificado ni desandado el mal recorrido por conveniencia cínica y soberbia obstinación. El diccionario define el cinismo como "la desvergüenza en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables". Y yo añado que para que haya desvergüenza la persona ha tenido que haber experimentado un momento de lucidez sobre la falsedad y error de lo que insiste en defender. Todo esto me hace recordar al grupo de los judíos cristianos de la circuncisión, los cuales se negaban a soltar el orgullo, la marca, el sello —en el mismo centro del ego viril— que los presentaba ante sí mismos y ante el mundo como 'elegidos', como personas peculiares, exclusivas y selectas. La circuncisión tuvo su razón de ser y su utilidad en un momento histórico para el pueblo judío, lo mismo que muchas de las costumbres ancestrales con las que los pueblos tanto se identifican, pero llegó un momento en que ésta pasó a ser obsoleta, el Mesías había llegado y había que soltar algunas de las viejas creencias, ritos y costumbres para adoptar algo mejor, más sencillo, menos vistoso y llamativo, pero mejor, infinitamente mejor. A partir de Cristo la circuncisión, la guirnalda, el firulete, el adorno se lleva en el corazón,


La situación de la humanidad es reversible, aunque ésta no hará nada por cambiar, salvo algunos casos individuales. César Vidal sostiene en su artículo sobre la situación actual de España (Las razones de una diferencia (XIII): ¿Hay salida?) que el primer paso a seguir es el autoexamen. Y estoy de acuerdo con él,  la contrición sincera e incluso la confesión —magnífica terapia para el alma—, son, de hecho, requisitos imprescindibles para tomar el pan y el vino que representa el cuerpo y la sangre de Cristo —atención católicos y protestantes por igual—, acto que conmemora el sacrificio de ese Dios que se quiso encarnar no como español, ni como indígena americano, ni como japonés, ni como chino, ni como turco… sino como judío. Jesús, el judío, que condujo a un pequeño grupo de sus paisanos a desnudarse de su orgullo, de su rango y de muchas de sus costumbres de 'pueblo elegido' para abrazar una identidad planetaria, universal y humana. Porque, al parecer, por encima de las identificaciones geopolítico-étnicas debe primar la identificación con Cristo, la pertenencia a la familia de Dios. Aquí les pego un trozo de luz, de 1 Corintios 11, que hace referencia a este tema: "No os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados… De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo".
Denise Ingrid Aliaga Monge / Denise Ingrid Brickel — Enero-2014.
(Imagen obtenida de internet)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Dulcinea


Si alguien profesa creer en algo y no vive de acuerdo a ello será cualquier cosa menos una 

persona íntegra. Ahora bien, todos cojeamos si no de una pata de las cuatro, pero lo cierto es que el alma humana brama por beber y zambullirse en una Luz que aún sin conocer presiente. 
El corazón humano —he dicho humano— quiere confiar y gime por coherencia y fidelidad. El hombre clama por una transparencia e integridad imposibles, que exalta en el arte multiforme que produce, vistiendo de destellos a los gigantes que la historia en los tabloides, las revistas, los lienzos, la escultura, las pantallas grandes, medianas, chicas y chiquititas. 

¿Debemos conformarnos con la mediocridad de nuestra naturaleza descompuesta en compartimentos disociados? 
¿Es que sólo nos queda optar por la candidez bobalicona, el cinismo curtido o, algo todavía peor, el engendro producido por el apareamiento de estos dos?

Cuanto más alta la efigie más extraordinaria la sombra que proyecta. Nada ensombrece más las consciencias que las penumbras despedidas por los iconos.

¿Pero qué es el hombre para soñar con lo imposible? 
¿No será ese anhelo el recuerdo de un honor y una gloria atávicos? 
Ciertamente no todo lo que brilla es oro. Lo falso con atuendos de verdad; lo mortal, con ropas de vida; lo injusto, con toga de justicia; lo artificial como si fuera natural

Hay un forcejeo cósmico entre la luz y las tinieblas por nuestras almas. No dejemos, como aquél de la Mancha, de soñar que algún día la ordinaria y feísima Aldonza será transformada en princesa, para ser presentada pura y sin mancha a Aquél que combatió y venció por amor.

Denise Ingrid Aliaga Monge/Denise Ingrid Brickel
Diciembre -2013

lunes, 21 de octubre de 2013

Perdonar, sí. Volver a confiar ya veremos


Hay daños muy graves, físicos, morales... que la gente nos puede causar, que no se trata de hacer borrón y cuenta nueva así porque sí. El perdón es un mandamiento divino, es una necesidad, es una sanación de nuestras almas, pero debe llevarse a cabo de forma inteligente, porque si algún amigo te traicionó, si algún ser supuestamente querido te vejó, te maltrató, te mintió, te humilló o tomó tu amor, tu compañía, tu confianza, tu fidelidad por descontado, el que perdones no cambiará en principio y de forma inmediata al ofensor en nada, porque el egoísmo, la lujuria, la falta de consideración, los complejos, los traumas, los prejuicios, la envidia, la ausencia de valores y escrúpulos, la amargura, la ambición, la rivalidad... que llevó a esa persona a herirte todavía seguirán allí, empozados en las entrañas de su alma. Cada vez que perdonamos a quien liberamos, a quien transformamos es a nosotros mismos.
Hay gente que dice haber perdonado a fulanito o menganito, pero luego va por ahí hablando pestes, entonces ¿en qué estamos?, ¿hemos perdonado o no? porque ir despotricando a mansalva es una forma de venganza, una manera baja de devolver el golpe aún cuando lo que se divulgue sea verdad. No, si se perdona hay que renunciar a nuestro supuesto derecho de 'hacer justicia', dejemos el asunto a Dios, él lo hará mejor que nosotros.

Perdón, entonces, no es volver a confiar de buenas a primeras y bobaliconamente en alguien que no es digno de nuestra amistad, confianza o amor de pareja; perdón, como lo entiendo, es no guardar rencor, no odiar, no buscar venganza, no desear el mal; es incluso sentir compasión por nuestro agresor. Los principios básicos cívicos y, sobre todo, cristianos requieren de nosotros ser inteligentes, finos y garbosos no sólo para el desacuerdo y la disputa sino para el perdón, lo cual implicará muchas veces mantener una prudente distancia de la gente tóxica.
El ofensor tendrá luego que ganarse a pulso no nuestro perdón, que eso estamos obligados a otorgarlo gratuitamente, sino nuestra confianza.
Ahora bien, si somos nosotros los que hemos faltado a la buena fe de otro, estamos obligados no solo a pedir perdón sino a encontrar la forma de enmendar el daño ocasionado. No basta pues  admitir el hecho y pedir perdón, no, hay que reponer lo roto, hay que devolver lo hurtado, hay que remendar lo rasgado, hay que limpiar lo que se ensució, santificar lo que se profanó.
El que quiera experimentar la paz interior tendrá por narices que aprender a perdonar y pedir perdón. Ahora bien, el dinero robado se puede reponer, aunque sea en partes o especies, pero si lo que se ha robado es la honra de alguien...
Hay tanto necio que sólo puede detectar las ofensas que otros le hicieron sin jamás admitir, ni siquiera para sí mismos, que algunas de ellas fueron no otra cosa que el merecido y justo pago a su comportamiento bajo.
Nadie hay en este mundo que pueda subirse a la tarima de forma permanente para desde allí perdonar, y si lo hace al ratito tendrá que bajarse para pedir perdón a otros sino por la misma clase de ofensa por otras a lo mejor peores.
Alguien me dirá "—se perdona sólo al arrepentido tal y como hace Dios". Pero nosotros no somos Dios, él es juez todopoderoso y justo, y como tal tiene esa prerrogativa e infinitas más, nosotros, en cambio, que hemos sido formados todos por el mismo barro, que compartimos todos la misma naturaleza caída, estamos obligados a perdonar al que se arrepiente y al que no, lo cual, insisto, no quiere decir que se le librará de las responsabilidades pertinentes ni que le devolveremos necesariamente nuestra confianza o amistad; significa que no permitiremos que el rencor, la amargura y el deseo de venganza eche raíces en nosotros. El perdón es un regalo inmerecido que todos necesitamos recibir y brindar.
El arrepentimiento, por otro lado,  es solo el comienzo de un cambio, no es una transformación completa e instantánea sino el primer paso que un ser humano da hacia la Luz, y esa Luz sólo puede ser uno: Dios. El arrepentimiento es pues un proceso que se inicia con el dolor sincero y profundo de haber ofendido a otros, a sí mismo y al Creador, en ese momento el individuo elige dar un giro de 180 grados, eso es el arrepentimiento: un cambio de dirección hacia el bien, hacia lo recto, hacia lo legítimo, hacia lo justo, todo lo cual no significa que los costales de motivos personales que antes le llevaron por el camino del error se hayan evaporado, no, seguirán allí, por lo que el arrepentido tendrá que andar con el peso de ellos tal y como sucedía antes, sólo que ahora les hará frente, encarando las voces de esos 'okupas' para ir echándolos uno a uno de su corazón. 
Por esto es que sólo abriremos un poquito la puerta o ventana de la esperanza hacia una posible restauración de la confianza. Le abriremos una rendija pequeña, sólo un pelín, lo suficiente para observar la evolución de su supuesto cambio. 
Yo he tenido que perdonar tanto a tanta gente, pero no es más de lo que otros me han tenido que perdonar a mí, sobre todo en mis años de juventud. Errar no es un atributo exclusivamente humano, solo el hombre es capaz de perdonar y pedir perdón; eso e lo que nos diferencia de otroseres de la creación, tanto terrenales como angelicales. Eso es, además, lo que nos asemeja y nodistingue de nuestro CreadorHumanicémonos con la ayuda de Dios.

Denise Ingrid Aliaga Monge/Denise Ingrid Brickel

Octubre 2013

sábado, 28 de septiembre de 2013

¿Cuántas Pecas Tiene un Dálmata?

'Tulipanes', por Rocío Aliaga Monge

Desde muy pequeñas te vi dibujar muy bonito, y lo hacías con lapiceros, sin equivocarte, yo tendría tres o cuatro y tú año y medio más, te pedía que me enseñaras y así fue como fui aprendiendo de ti, pero qué difícil me resultó hacer aquellas muñequitas con cerquillo que a ti parecía no costarte nada crear, porque no las copiabas, no, las creabas. 

Las dos dibujábamos desde muy chiquitas, pero fui yo quien cargó con la fama de 'artista', tanto en casa, como en el colegio, como entre los amigos en general. 

Yo fui la que ganó los concursos de dibujo en el programa del Tío Johnny y de afiches del Repa-Circus de nuestro colegio, y del que luego se imprimieron calcomanías, polos, afiches... Igualmente fui yo quien realizó la calcomanía de su promoción, y era a mí a quien la maestras sacaban a la pizarra para hacer cualquier mapa o ilustración o afiche que se necesitara para alguna actuación o evento.

La segunda vez que me presenté a un concurso del Tío Johnny lo hice con dos dibujos pintados con témpera, ambos fueron expuestos junto con el de todos los participantes, porque ante la avalancha recibida el programa decidió no dar por ganador a ninguno sino exponerlos todos por algunos días  en el entonces Parque Kennedy de Miraflores, acudí con una compañerita del colegio, Mónica Valcárcel, y escuchamos cómo algunos adultos hacían comentarios como: "—seguro que el papá le ayudó" o "—increíble que esto lo haya podido hacer una criatura", pues yo estaba allí y yo los había hecho, pero no dije nada, en vez de eso me reí bajito con mi amiga. 


Uno de mis trabajos fue sobre el desfile de un circo, y fue el que más me costó, de hecho las ventanas de los edificios me quedaron, a pesar de mi esmero, torcidas, luego, al hacérmelo notar el primo Rober, las corregí, no sin que él me diera antes algunas lecciones básicas de perspectiva. 

Nuestro padre, contento y orgulloso de 'mi talento' me compró todo lo necesario para pintar, caballete, pinceles, bastidores, distintas clases de pinturas... hasta me hizo traer de suiza la caja de 40 lápices Caran D'ache, me compró libros sobre técnicas de cómo pintar al óleo y cómo dibujar con lápices de colores; además de un aparato especial de madera que le pedí para dibujar a gran escala...


'Tulips', de Rocío Aliaga Monge Me la pasaba pintando durante todo el verano y todo el invierno, las dos únicas estaciones de Lima,  y lo hacía a escondidas durante las clases, en los recreos, en la camioneta, mientras comía, mientras veía la tele, pero cuando más me inspiraba era por la noche, en que dibujaba y pintaba hasta el amanecer, así terminaba mi cama, el suelo, mi pelo, en fin, todo manchado de témperas, plumones, pasteles... y todo esto se reflejaba en mis 'patrióticas' notas. 

 Mientras que a ti te hacían tocar el piano cuando llegaban visitas o había alguna fiesta en casa, mis dibujos me eran solicitados para ser mostrados a las amistades, hasta la abuelita Lucía me los pedía para enseñarlos a sus amigas, lo mismo que Felo, quien alguna vez me  los pidió prestado para presumir con los amigos del colegio, incluso tú me los pediste en varias ocasiones para mostrarlos a las chicas de tu salón; a ti te los dejaba gratis, pero a Felo se los cedía a cambio de que me prestara algunos de sus fabulosos libros de cuentos o juguetes. No fui tonta y desde adolescente me las ingenié para ganar dinero pintando secadores de cocina que la tía Carmela me los vendía luego en su oficina... y todo esto ocurría mientras tú te quedabas calladita. 
'Las Macetas de Pita', de Rocío Aliaga Monge

Estos bombos y platillos que recibí en casa y en el colegio fueron quizá una respuesta a mi personalidad extrovertida y exuberante, pero lo cierto es que siempre fuiste mejor dibujante que yo. Te lo decía cuando éramos chicas, se lo decía a la familia pero nadie lo creía, ni siquiera tú. 


La vida es a veces injusta y lo es porque el ser humano, ya desde niño, comete vilezas. Lo cierto, Rocío, es que dejaste de pintar porque perdiste la confianza en ti misma, y la perdiste porque ¡YO TE LA ROBÉ! lo acabo de recordar mientras escribía este post, me ha venido como un flash, y no sé si alguna vez te lo hice recordar o no, lo dudo, porque yo misma lo había olvidado
¿Conoce acaso el dálmata cuántas pecas tiene?
—lo que me hace pensar que la palabra 'pecado' pueda provenir a lo mejor del término 'peca', por la cuenta que me trae.
Niños de la Sierra, de Rocío Aliaga Monge


Lo que sucedió fue que un día, siendo púberas, dibujaste un retrato a lápiz de nuestra difunta tía Mery, todo el mundo alabó tu habilidad, y yo, que me moría de envidia por no poder dibujar tan bien como tú, entré en ataque de celos y rabieta porque encima habías osado retratar a ¡mi madrina!, cogí el retrato enmarcado que tenía nuestra madre de la tía, el cual habías usado de modelo, y lo calqué, luego realicé certeros ajustes en los que agrandé y ensanché los contornos de los rasgos, desplazándolos milimétricamente, pero siempre guardando las proporciones, guiándome, claro está, por las líneas calcadas que luego borré. 

Retoqué con el carboncillo del lápiz, sombreé como pude y voilá!, me quedó casi idéntica a la foto, sólo que un poco más grande. Cogí entonces tu dibujo y llevé ambos a mis papás y a las abuelas, que se encontraban de visita, por supuesto, todos alabaron que la más pequeña tuviera tantísimo talento, aunque nadie negó que tu dibujo también era muy bueno. 



No contenta con ello me fui a tu cuarto llevando ambos dibujos y te saqué pica, entonces me acusaste de haberlo calcado, cínicamente lo negué, cotejamos al trasluz y no coincidía, entonces te volví a sacar pica canturreando, por lo que rompiste tu trabajo. Desde entonces dejaste de dibujar, convirtiéndome yo en la Dalí de nuestro pequeño mundo. 

Me volví con el tiempo y la práctica muy buena, como sabes, para hacer retratos; terminé creyéndome mis propias mentiras, es increíble lo que podemos llegar a hacer cuando nos convencemos de algo.

Así de miserable y ladina era yo, he dejado de escribir, acabo de ir al facebook, ya te lo confesé y te acabo de pedir perdón ¡Con razón te decía siempre que tú eras más artista que yo! ¡menuda caradura!



Era una canallita, un mal bicho. encima había olvidado todo esto, pero Dios, que es Justo, no sólo no lo olvidó sino que no me dejó que te robara el don, fíjate, ingresé, como sabes, en la Facultad de Artes de la PUC, pero no duré ni ciclo y medio, en el que me pasó de todo, y terminé por largarme a vivir a Europa, donde seguí pintando hasta que un día me cansé simplemente de los pinceles mientras tú los retomabas. Acabo de darme cuenta que se ha hecho justicia y yo estoy contenta y agradecida a Dios por ello, hermana. 

Mis hermanos: Rocío y Félix Aliaga Monge
Sept. 2013
Tus pinturas son la prueba innegable de tu arte y habilidad plástica. Estoy encantada, me gusta lo que haces y ojalá nunca dejes que nada ni nadie te robe el deseo de pintar. Sigue adelante, Rocío, que todo lo bueno que todos tenemos proviene del Señor, y hay que honrarlo con todo ello.

Denise Ingrid Aliaga Monge / Denise Ingrid Brickel
28 de Septiembre, 2013

jueves, 26 de septiembre de 2013

Con Alas de Cóndor

Este video es de nuestras vacaciones del año pasado, por supuesto, la calidad no es buena porque está grabado por mí con mi camarita fotográfica, sin embargo aún así el esplendor de la naturaleza es realmente sobrecogedor.

Volar en un planeador es como volar en el lomo de un cóndor; es lo más parecido a ir en un velero en alta mar que he experimentado, el planeador usa el motor para arrancar y luego se vuelve a encender una vez que se ha aterrizado, de modo que se pueda dirigir la máquina según haga falta. En los cielos el piloto, como pueden ver en el video, apagará el motor para volar montado en una 'ola' de aire, y es curioso cómo hace oscilaciones como si de una ola se tratara. 



Si se fijan llega un momento en que se escucha el viento y a la vez un pitido, en esos momentos el motor está apagado, y estamos volando sobre las corrientes de aire. Luego yo quito el volumen al resto de los clips para evitar el ruido.



Muy linda sensación esto de volar sostenidos por ninguna otra cosa que el viento. Se los recomiendo.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Lápices de Colores


Caja de 40 lápices de colores Caran D'ache

Tenía 11 años —luego en junio hice los 12— y cursaba primero de secundaria. Llevaba Geografía con la temible y excelente maestra Señorita Albújar, la cual nos hacía llevar una carpeta con los apuntes donde, además, debíamos hacer los dibujos correspondientes no a todas pero sí a algunas clases que nos daba. 

Yo jamás tuve un cuaderno, ni en la primaria ni en la secundaria ni en la Universidad ¡y mucho menos iba a tener un folder!

No podía, mejor dicho no quería, odiaba tomar apuntes, odiaba que me obligaran a estar sentada y guardar silencio; las interminables horas de clases fueron una horrenda tortura para mí. 

La Srta. Albújar solía hacer cada trimestre revisión de carpetas, ¡ay, Dios! entonces había que pedir prestado a las compañeras y ponerse a escribir sin dormir por una semana, haciendo trampa, por supuesto, preocupándome de que los títulos y subtítulos no faltaran, y tenían que estar debidamente subrayados, luego el texto los reducía a su mínima expresión, pero cuidando los márgenes, de modo que se viera todo muy prolijo. Después había que hacer los gráficos, mapas y dibujos, y esa parte era la que más me gustaba.

Cada tres meses me esmeraba en mi oficio de escribana, para una vez pasada la revisión volver a mi irremediable vagancia. 



Tenía entonces una compañerita catalana, Ana, la cual compartía conmigo la afición por el dibujo, curiosamente ella era la única niña que yo había conocido que tuviera los mismos lápices de colores suizos que yo. En su caso su caja era de treinta, yo tenía una flamante caja de cuarenta lápices Caran D’ache que mi padre me había hecho traer de Europa con nuestros amigos Dai Prá. Tanto Ana María como yo teníamos una hermana mayor que dibujaba mejor que nosotras, así que a veces ella me traía algún que otro dibujo de Teresa y yo hacía otro tanto con uno de Rocío.

Con ansias esperábamos los recreos para mostrar nuestros dibujos, aquellos que habíamos hecho el fin de semana o el día anterior, casi todos eran de Disney, ya que tanto Ana como yo teníamos, además, los mismos tomos gordotes de la colección de las pelis de Disney. En su casa había varios, en la mía sólo el primer tomo, y no era mío sino de mi hermano, pero yo lo usaba para sacar mis dibujos; compartíamos además el amor por los animales,  en especial por los caballos.

Un día noté que los dibujos de Ana tenían montañas púrpura, naranja, verde, azul... y pensé "su país debe ser como en los dibujos animados, donde el suelo tiene ese color", si se fijan, por ejemplo, en los escenarios de fondo de los Picapiedra, las montañas son moradas.
Acuarela de Teresa (Tessy) Claramunt Poch

Acuarela de Teresa (Tessy) Claramunt Poch

Llegó el día de presentar por primera vez mi folder de geografía a mi maestra, pasé adelante, se lo entregué y me quedé de pie a su lado mientras ella lo hojeaba y ‘ojeaba’ a través de las lentes verde oscuro de fondo de botella de sus gafas. Todo iba bien hasta que se topó con mis paisajes serranos, en que sarcástica me preguntó dónde había visto yo montañas moradas y cielos rosados, y árboles amarillos y rojos… todo el salón, que había pintado sus cerros de marrón y sus árboles con ramas verdes, se rió. Estuve a punto de explicarme, porque yo era, como dicen en España,  muy contestataria, pero me mordí la lengua, porque conocía muy bien el peligro que corría con semejante maestra. La Señorita Albújar no hizo, sin embargo, ningún comentario sarcásticos de la carpeta de Ana, quizá porque dio por sentado que ella sí conocía lugares así y porque, la verdad sea dicha, mis dibujos eran bastante más coloridos y atrevidos que los de mi amiga.


Celendín, de Edwin Yzquierdo

Pasó el tiempo, tenía entonces 13 años, mi hermana Rocío había cumplido 15 y el abuelo Teco, que había venido para la celebración, nos llevó con él a Celendín (Cajamarca). ¡Qué frrrríoooooo y qué miedo! ir bordeando esos precipicios de la carretera no asfaltada de Cajamarca a Celendín... ¡qué paisajes! Sí, allí estaban algunos de mis paisajes de colores, esos que la Srta. Albújar no conocía, donde la tierra era roja, las montañas verde limón, verde botella, verde esperanza, verde militar, verde agua... y el cielo... ¡jamás había visto un cielo más azul ni unas nubes aborregadas como esas.

Gosé Gálvez-Celendín-Cajamarca
Yo nací en el salame húmedo que hay entre la panza de burro gris y el plomizo asfalto de la que fuera La Ciudad de los Reyes, y aunque, debido al trabajo de mi padre, me metieron en un avión a los 17 días de edad rumbo a Puno y tres meses después a Cuzco (donde estuvimos 6 meses), siendo tan pequeña no guardaba ningún recuerdo consciente de esos parajes que mi alma echaba de menos.

Había en nuestro hogar, desde siempre, dos cuadros pequeños que a mí me gustaba quedarme mirando, eran del otoño, donde los árboles alargados eran de un color amarillo ámbar, las casitas de techo dos aguas y el cielo azul-turquesa. Por años los contemplé hasta el punto de entrar en ensoñaciones, en especial con uno de ellos, donde se encontraban esos árboles estratosféricos dorados, los álamos (aspen); me veía caminando diminuta entre todo ese amarillo y esa fuerza natural, me parecía escuchar el murmullo de las ramas, el crugir de las hojas al pisar, las conversaciones de los pájaros y las risitas del riachuelo... 
'Tulipanes Silvestres', de Denise Aliaga Monge

Quién me iba a decir que de adulta me adentraría en lugares tan y más hermosos que las de esos cuadros y dibujos de mi niñez. 

Cada día soy testigo desde la ventana de mi habitación de paisajes paradisiacos, pintados con más fosforescencia, destreza, delicadeza y talento que las montañas y valles de mi folder de geografía. No me hace falta ya tomar un avión para disfrutar de mis ‘vacaciones’,

 yo vivo en contacto permanente con la naturaleza, aquella ‘Otra Palabra de Dios’.


'Desnudez Paquidérmica', de Denise Aliaga Monge

Sin inspiración es imposible elevarnos, yo me inspiré a través de mi compañerita del cole, mirando sus dibujos; no la envidié, en vez de eso elegí disfrutar de ella, dejarle que me impregnara. Nuestra amistad ha durado muchos años, y con el tiempo nos nació curiosamente a ambas, y por separado, la afición por la fotografía. Ana ha vivido, como yo, en diversos países y continentes, casi todos lugares paradisiacos.
Ana Claramunt y yo. Madrid, 2004
Nos habíamos jurado que de mayores haríamos dibujos animados, pero crecí, me olvidé y me hice periodista. Ella olvidó más que yo y se hizo ingeniero. En cuanto a nuestras respectivas hermanas mayores, todavía siguen dibujando y pintando mejor que nosotras.

Ojalá mis fotos, mis escritos, mis vídeos, mis dibujos, mis pinturas, mis canciones, mi vida sirvan para seducirlos, para engancharlos a soñar, a esperar todo lo bueno y más de nuestro Creador en este mundo, en esta vida y no solo en la otra.



Yo lanzo las 'semillas' esperando y rogando a Dios que caigan en buena tierra, no puedo hacer más, depende de ustedes si las recogen, si las dejan germinar dentro de sí o no.

Hay todo un batallón de sueños que Dios quiere que se nos hagan realidad, lean:

"Al que puede hacer muchísimo más de todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros,".
(Efesios 3:20)

¡Dios quiere dar a su hijos más de lo que le pidamos y más de lo que podamos imaginar! 

¿Eres hijo-a de Dios? ¡Sueña!


















































Denise ingrid Aliaga Monge / Denise Ingrid Brickel